miércoles, 7 de enero de 2015

Meknès y Volúbilis

Volúbilis

Para llegar a Volúbilis se tiene que pasar por Meknès. Desde Fez hay un tren que dura unos 40 minutos por 20 Dirhams por persona. Es un viaje muy distraído, la verdad es que me gustaron mucho los paisajes por los que el tren atravesaba.

Una vez en Meknès hay que andar hasta la CTM bus station (Avenue de Fes, east of the Ville Nouvelle) y tomar un Grand Taxi (taxis compartidos donde puede ir hasta 6 personas, aunque sea un coche de 5 plazas) por 10 Dirhams cada uno hasta Moulay Idris (unos 30 minutos más). Una vez allí hay dos opciones, otro taxi esta vez un poco más caro que el trayecto entero hasta Moulay Idris, por 5 minutos cuesta 50 Dirhams o dar un paseo a pie de casi una hora hasta las ruinas de Volúbilis. Como hacía un buen día y no hacía demasiado calor nos decantamos por la segunda opción.

Tranquilamente salimos de la ciudad de Moulay Idris bajando por la cuesta por la que minutos antes habíamos subido con el Grand Taxi, una vez en la carretera tomamos un desvío a mano izquierda y fuimos siguiendo una carretera secundaria, con mucho menos tráfico que la anterior, atravesamos algunos conreos y tras andar unos 50 minutos a mano derecha estaba la entrada a las ruinas de la antigua ciudad romana. Pagamos 20 Dirhams cada uno por entrar.

Camino de tierra hacia las ruinas de Volúbilis entre montañas

La verdad es que es muy curioso ver las ruinas de una ciudad romana en Marruecos. Los romanos llegaron a esta región hacia el siglo III a.C. Esta ciudad sobrevivió durante más de mil años hasta el 1955, que se vio afectada fatalmente por el terremoto de Lisboa. Aparte de la catástrofe natural también sufrió de saqueos a lo largo de los años.

Vista de las ruinas romanas de Volúbilis entre la vegetación
Mosaico romano conservado en las ruinas de Volúbilis
Arco de Caracalla en las ruinas romanas de Volúbilis

A pesar de que quedan pocos edificios en pie, es impresionante andar a través de los restos de la ciudad romana. Hay muchos mosaicos que aún están enteros, arcos y el templo de Júpiter. Mientras andábamos a través de sus calles íbamos imaginando cómo había llegado a ser la ciudad.

Paseando entre las columnas de Volúbilis

Estuvimos más de dos horas inmersos en las ruinas de la ciudad romana. Ya iba siendo hora de comer por lo que decidimos ir a Meknès a comer y a pasar la tarde.

Por lo tanto teníamos que conseguir transporte para llegar a Moulay Idris (no teníamos tiempo de volver andando). Preguntamos a unos taxis de la entrada y tras no estar de acuerdo con el precio del viaje de vuelta decidimos esperar a otro taxi... Dos minutos más tarde vimos salir del recinto a una pareja de franceses, de mediana edad, que se dirigían a un coche de alquiler. Les preguntamos si iban hacia Moulay Idris y muy amablemente nos dijeron que nos acercaban a la ciudad.

Pareja posando entre las ruinas romanas de Volúbilis

Meknès

Nos dejaron al lado de la estación de Gran Taxi y justo en ese instante había uno que dirigía hacia Meknès y tenía dos sitios libres. No salió rodado, pagamos 20 Dirhams los dos y en 30 minutos ya volvíamos a estar en la estación de CTM Bus station de Meknès. Andamos unos 20 minutos hasta llegar al centro de la ciudad antigua.

Allí cerca de la entrada principal de la medina, en un pequeño callejón, vimos un cartel del restaurante "Mil y una noches". Hambrientos nos dirigimos hacia allí, resultó ser una casa privada preparada con unas cuantas mesas. Pedimos Tajín de verduras, sopa y pollo con dátiles... aunque nos apresuramos a pedir porque teníamos hambre, tardaron casi una hora en servirnos la comida, pero mereció la pena. De los mejores sitios donde comimos por unos 120 Dirhams.

Después de la comida ya nos quedaba poco tiempo para tomar el último tren hacia Fez, así que dimos un paseo de una hora por la medina, una medina distinta a la de Fez, tal vez por la hora que era pero estaba abarrotada de gente y menos turística que la de Fez. Para terminar tomamos un té con menta en una terraza (el sitio un poco de guiris, creo que fue el té más caro de todo Marruecos) con vistas a la plaza El-Hedime. Esta es una plaza con mucho ambiente y actividades para los ciudadanos. Vimos varios espectáculos y danzas.

Plaza El-Hedime de Meknès al atardecer con un corro de gente
Tomando un té con menta en una terraza de Meknès

Tras ver el tráfico que había en la ciudad salimos con tiempo para tomar un Petit Taxi hasta la estación de tren. Aunque nos costó encontrar un taxi llegamos con 20 minutos de antelación a la estación.

Esta vez el viaje en tren no fue tan distraído, ya era oscuro y no se veía nada por la ventana, pero fue bien descansar durante un rato. De vuelta a la estación de tren de Fez, por 5 Dirhams, cogimos un petit Taxi hasta la puerta azul de la medina y nos fuimos directos al Riad, teníamos frío y nos hacía falta otro jersey. No sin antes pasar por una de las tiendas de dulces y comprar unas cuantas pastas de miel.

Era nuestra última noche y decidimos ir a cenar una Pastilla (pastel de carne), comida típica de la zona. Pero estábamos muy cansados así que no nos esforzamos demasiado en buscar un restaurante y acabamos en uno de los restaurantes para turistas que hay cerca de la puerta azul de la medina. No estuvo nada mal y casi ya habíamos probado todo el repertorio de comidas de la zona.

Pastilla, pastel de carne típico de Marruecos

De vuelta..

A las 12 de la mañana salía nuestro vuelo hacia Barcelona así que nos levantamos con tiempo, a las 7, desayunamos con calma y nos dirigimos otra vez hacia la estación de tren (muy cerca hay la estación de autobuses). Esta vez nos propusimos tomar el autobús local hacia el aeropuerto en vez de acabar pagando 20€ entre los dos por un Grand Taxi. Íbamos con tiempo, leímos en otros blogs que el bus (núm. 16) podía llegar a pasar cada 45-50 minutos.

Llegamos a la estación de tren con un Petit Taxi y allí andamos unos pocos metros hasta llegar a la estación de autobuses.

Tuvimos suerte y tan solo esperamos 15 minutos para que el Bus número 16 llegara. Pagamos 4 Dirhams cada uno y en 30 minutos ya estábamos en el aeropuerto con un poco más de dos horas de antelación. ¡Demasiado!

Detalle de un mosaico de zellige marroquí

Nuestra corta escapada llegaba a su fin. La verdad es que nos quedamos cortos, con 4 días no tienes tiempo de saborear un país.

Nos quedamos con las ganas de ver más, de hecho comparado con la primera vez que estuve en Marruecos no vimos casi nada. Para visitar Marruecos, si se puede, recomiendo estar al menos unos diez días y llegar hasta Erfoud, el desierto, pasar por Ait Ben Haddou y visitar Marrakesh como mínimo ;).

¡El próximo viaje procuraremos estar más tiempo!