Este fue nuestro primer roadtrip a Asturias, y lo hicimos por el oeste: desde Barcelona, con paradas en Tudela, Castro Urdiales y Liérganes antes de llegar al valle de Onís, y cerrando el círculo por Aínsa de vuelta a casa. Al año siguiente volvimos a la zona por otra ruta —esa la contamos en nuestro roadtrip de Barcelona a Huesca y Asturias de 2025—, pero esta fue la primera vez. Además, fue nuestro primer viaje largo por carretera con Adrià (6 años) y Ona (3 años), así que también fue un poco un experimento.
Queremos dejar aquí el resumen del viaje de 9 días, del 21 de junio al 29 de junio, parada a parada, para acordarnos de él y poder compartirlo con quien esté interesado. Y el resultado nos dejó gratamente sorprendidos: aguantaron todas las excursiones mucho mejor de lo que esperábamos.
La ruta, día a día:
- Barcelona → Tudela (parada para descansar, Hotel Santamaría)
- Tudela → Castro Urdiales (comida y visita) → Liérganes (Posada Carpe Diem)
- Liérganes → Parque de Cabárceno
- Cabárceno → Llanes y Cangas de Onís → Mirador del Fitu → Valle de Onís (Casa Pepina)
- Valle de Onís: excursión a los Lagos de Covadonga
- Valle de Onís: excursión al funicular de Bulnes
- Valle de Onís: excursión a la Playa de Torimbia y los bufones de Llanes
- Valle de Onís → Aínsa, con parada para comer en Pamplona (Hotel Dos Ríos Origen)
- Aínsa → ermitas y dolmen de Tella → comida y baño en el río en Salinas de Sin → Barcelona (de noche)
Tudela
El primer tramo desde Barcelona era demasiado largo para hacerlo del tirón, así que paramos a dormir en Tudela, en el Hotel Santamaría (115 € la noche). No era una parada pensada para hacer turismo a fondo, pero aprovechamos para dar una vuelta por la ciudad antes de seguir viaje al día siguiente hacia el norte.
Castro Urdiales
Las paradas por Cantabria (Castro Urdiales, Liérganes, Cabárceno) nos las recomendó Nanes, un buen amigo cántabro que hicimos durante nuestra estancia en Australia, y acertó de lleno.
De camino a Liérganes paramos a comer en Castro Urdiales, una villa costera de Cantabria, y aprovechamos para visitar un poco la ciudad. Su casco histórico reúne en pocos metros un conjunto muy singular: la iglesia gótica de Santa María de la Asunción (del siglo XIII), el castillo-faro construido sobre el promontorio, y el puente medieval de un solo arco que los conecta con la ermita de Santa Ana, ya sobre un islote de roca frente al mar. Los niños se lo pasaron en grande en el tiovivo antiguo del paseo marítimo, con el puerto de fondo lleno de barcas: fue el primero de varios tiovivos del viaje, pero de lejos el que más les gustó.
Liérganes
Hicimos noche en la Posada Carpe Diem (110 € la noche, muy recomendado con desayuno incluido), en Liérganes, un pueblo de Cantabria a orillas del río Miera que esconde una de las leyendas más curiosas del norte de España: la del Hombre Pez. Cuenta la historia que en 1674 un joven del pueblo, Francisco de la Vega, se fue a nadar al río y desapareció; años después, unos pescadores de Cádiz atraparon a una extraña figura humana cubierta de escamas que, al ser llevada a Liérganes, fue reconocida por su propia familia. El pueblo conserva el Puente Mayor, de 1587, bajo el que según la leyenda vivía la criatura.
Dio la casualidad de que aquellos días se celebraba el I Festival de la Leyenda del Hombre Pez (del 21 al 23 de junio), organizado para conmemorar el 350 aniversario de la desaparición de Francisco de la Vega en el río. Pudimos ver el concierto de Lucrecia, nombrada primera embajadora de la Leyenda del Hombre Pez.
Parque de Cabárceno
Muy cerca de Liérganes está el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, así que le dedicamos parte del día (las entradas las reservamos desde la propia posada, que salía un poco más económico que comprarlas por libre).
Nos llovió bastante, y puede que fuera por eso, pero la visita se nos quedó un poco corta: subimos a la telecabina, que sobrevuela buena parte del parque a unos 15 metros de altura sobre los recintos de los animales, y desde allí arriba vimos algunos ejemplares, entre ellos los gorilas, pero en conjunto sentimos que nos faltó algo. Puede que con mejor tiempo la experiencia hubiera sido distinta.
Valle de Onís
Nos alojamos cuatro noches en Casa Pepina, en El Pedroso, en pleno valle de Onís y dentro del Parque Nacional de los Picos de Europa, nos sirvieron de base para las excursiones más bonitas del viaje. La reserva original, de tres noches por Booking, nos costó 356,40 € (unos 118,80 € la noche); nos gustó tanto la casa que alargamos la estancia una noche más, y esa la concertamos directamente con ellos, fuera de Booking. Alrededor de la casa, prados con vacas pastando y hórreos asturianos por todas partes, la estampa típica del valle. Nos gustó tanto que un año después volvimos a alojarnos en la misma casa, en nuestro roadtrip de 2025.
Llanes y Cangas de Onís
Desde Cabárceno seguimos hacia Asturias, con un par de paradas en el camino. En Llanes disfrutamos de la costa oriental asturiana, y ya en Cangas de Onís, antigua primera capital del Reino de Asturias, cruzamos su famoso puente sobre el río Sella, uno de los símbolos de la región: pese a llamarse «puente romano», en realidad es de origen medieval, aunque probablemente se construyó sobre el trazado de una calzada romana.
Comimos en El Prau, que tenía una zona con un pequeño parque para los niños y donde pudimos tomarnos el café con calma; eso sí, las raciones son enormes, así que mejor pedir de menos que de más. De allí ya solo quedaba la última etapa hasta el valle de Onís.
Mirador del Fitu
De camino hacia el valle de Onís hicimos una parada en el Mirador del Fitu (o El Fito), en la Sierra del Sueve, a medio camino entre Colunga y Arriondas. El mirador se inauguró en 1927, es famoso por sus vistas de 360°, con el mar, la montaña y los Picos de Europa a la vez, y por las cabras y el ganado que campan a sus anchas por la zona. Para llegar hasta el final tuvimos que dejar pasar varios grupos de vacas que habían por el camino.
Lagos de Covadonga
Uno de los días subimos a los Lagos de Covadonga (Lago Enol y Lago de la Ercina), una de las visitas obligadas de los Picos de Europa. El acceso en coche privado está restringido en temporada alta, así que hay que dejar el coche abajo y subir en autobús lanzadera desde los aparcamientos habilitados. El problema es que cuando llegamos ya no quedaban tickets de autobús para ese día, estaba todo agotado, así que al final subimos en taxi (12 € por persona). Para quien vaya y sí consiga billete, el bus deja a 1,8 km del lago, con salidas cada hora (en un sentido a horas impares y en el otro a horas pares) y un precio de 25 € los cuatro. Mereció la pena de todos modos: arriba, con los picos rodeando el lago, es una de esas vistas que se quedan grabadas, y de todas las excursiones del viaje fue una de las que más les gustó a Adrià y Ona.
Funicular de Bulnes
Otro día nos acercamos hasta Poncebos para subir a Bulnes, un pueblo al que durante siglos solo se podía llegar a pie y que desde 2001 tiene un funicular que sube excavado en el interior de la montaña: son poco más de 2 km de recorrido y unos 400 metros de desnivel salvados en apenas 7 minutos. Según el cartel de tarifas de aquel año, el billete de ida y vuelta costaba 22,16 € el adulto y 6,71 € el niño (de 4 a 12 años), con salidas cada 30 minutos entre las 10:00 y las 20:00. A los niños les encantó la subida en funicular, otra de las actividades favoritas del viaje.
Arriba, en Bulnes, comimos en El Redondín - Casa Rafa: ensalada mixta, arroz a la cubana, albóndigas y arroz con leche para los cinco, por 42,60 € en total.
Desde Bulnes salen bastantes rutas de senderismo por la zona, y si no hubiéramos ido con niños seguramente las habríamos hecho a pie. De hecho, una buena forma de conocer el pueblo es subir en funicular y bajar caminando por el sendero hasta Poncebos, para disfrutar del paisaje sin tener que hacer toda la subida cuesta arriba.
Torimbia y los bufones de Llanes
Uno de los días, antes de dejar el valle de Onís, nos dimos un último capricho en la costa: comimos en un chiringuito de la Playa de Torimbia, en Niembro (Llanes), una de las playas más bonitas de Asturias.
Después nos acercamos al pueblo de Llanes, con su puerto lleno de barcas y las casonas de colores del paseo del Muelle, y dimos una vuelta por allí.
Ya por la tarde fuimos a ver los bufones, esas grietas en el acantilado por las que el mar, cuando entra con fuerza, sale disparado hacia arriba como si fuera un géiser, con un sonido muy particular. Es una zona de acantilados y prados donde pastan cabras en libertad, así que paseamos entre ellas mientras esperábamos ver salir algún chorro de agua, que no salió ninguno...
Aínsa
Al día siguiente sí dejamos el valle de Onís y pusimos rumbo al Pirineo aragonés. El trayecto hasta Aínsa daba para más de un día, así que paramos a comer en Pamplona antes de seguir camino. Pasamos una noche en Aínsa, en el Hotel Dos Ríos Origen (80 € la noche).
Aínsa es una villa medieval del Sobrarbe, antigua capital del reino homónimo, encaramada en un cerro justo donde se juntan los ríos Ara y Cinca. Paseamos por su plaza porticada y esa noche cenamos de tapas en La Carrasca, en plena Plaza Mayor.
Al día siguiente, antes de dejar el Sobrarbe, hicimos una última parada en Tella, donde nos animamos con la ruta circular de las ermitas: un paseo corto, de apenas 2,5 km y algo más de una hora en total, que va enlazando la ermita de los Santos Juan y Pablo (siglo XI), la de la Virgen de Fajanillas (siglo XII) y la de la Virgen de la Peña (siglo XVI), con muy poco desnivel. Para nosotros fue una excursión perfecta: corta, sin apenas dificultad, e ideal para hacer con niños pequeños. Con el coche paramos también a ver el dolmen de Tella (también conocido como Losa la Campa o Piedra Vasar), un túmulo funerario neolítico con la Peña Montañesa asomando detrás.
Hacía mucho calor ese día, así que entre la ermitas y la comida en el Mesón de Salinas, en Salinas de Sin, nos dimos un buen baño en el río.
Y con eso pusimos rumbo a Barcelona: el último tramo lo hicimos ya de noche, conduciendo del tirón hasta casa.
Así se cerró nuestro primer roadtrip a Asturias: de la parada técnica en Tudela al Hombre Pez de Liérganes, de la lluvia en Cabárceno a los lagos y el funicular de los Picos de Europa, hasta los bufones de Llanes, la villa medieval de Aínsa y las ermitas de Tella. Con ganas de volver.