Pushkar
Después de unas cuatro horas de viaje desde Jodhpur, a las 5 de la tarde llegamos a Pushkar. Ya estaba anocheciendo.
El día anterior reservamos dos habitaciones en el Hotel Paramount Palace por 1200 rupias la noche, sencillo pero limpio y lo mejor de todo es que la ducha tenía presión :) en comparación con el resto de hoteles en los que estuvimos.
Las calles más céntricas están repletas de tiendecitas con souvenirs, teníamos intención de hacer algunas compras pero al final no cayó gran cosa. La verdad es que nos pareció mucho más interesante Udaipur en cuanto a compras.
Pushkar no es muy grande, con un día da de sobras para visitar la ciudad. Está el templo de Brahma, donde no te permiten entrar con bolsas ni cámaras, y lo más destacado en nuestra opinión es el lago, que le da un toque místico a la ciudad.
Por lo menos estuvimos un par de horas observando toda la actividad que sucede. Familias que van a bañarse y a comer allí, que limpian la ropa, que rezan...
Para las personas que había alrededor del lago fuimos un tipo de atracción ya que durante un buen rato nos sentimos como famosos, un montón de gente quería hacerse fotos con nosotros. Hasta nos ponían los más pequeños encima para que saliéramos con ellos... Me pregunto qué harán con todas estas fotos.. ¿Estaremos en unos cuantos facebooks de indios?
Aunque no sea muy grande, es un buen lugar para pasar un par de días y relajarte. Además la temperatura nos acompañó, ahora en enero, es ideal, ni frío ni calor.
Después de un día en Pushkar justo antes de que se hiciera de noche tomamos rumbo con nuestro coche hacia Jaipur, teníamos por delante 3 horas más de coche.
Jaipur
Al fin llegamos a Jaipur, un poco más tarde de lo esperado, pero es que en este viaje todo lo que sea desplazarse no es precisamente rápido...
Jaipur, la ciudad rosa, es una de las ciudades más turísticas de la India, es la capital del Rajastán donde viven alrededor de 3 millones de personas. Es una ciudad enorme donde el movimiento no descansa nunca, hasta puede llegar a agobiar, pero no fue nuestro caso.
Nuestra primera parada fue el City Palace (400 rupias por persona), la cual fue residencia real. Es un complejo que mezcla la arquitectura mongol con la arquitectura tradicional de Rajastán, se compone de palacios, pabellones y patios entre otros.
Jantar Mantar
Es un recinto enorme, construido en 1744 por el marajá Jai Singh, apasionado por la astronomía, hizo construir el observatorio para observar y calcular posiciones de los astros y de los planetas. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
No muy lejos del Jantar Mantar está el Palacio de los vientos, su fachada está compuesta por 900 ventanas, por donde las concubinas y las reinas solían chafardear lo que sucedía en la ciudad (más bien dicho en la calle de en frente).
No visitamos su interior ya que habíamos leído en varios sitios que no merecía la pena.
No visitamos su interior ya que habíamos leído en varios sitios que no merecía la pena.
Aunque el fuerte está a 10 km de la ciudad, dado el terrible tráfico, tardamos algo más de una hora en llegar. La entrada cuesta 500 rupias por persona (100 con carné de estudiante).
Este sería el último de los fuertes que visitaríamos, después de todos los que habíamos visto, este no nos sorprendió demasiado. Hay que decir que el recinto es enorme, con elementos hindús y mogules del siglo XVI.
Nos perdimos durante un buen rato a través de algunas de sus estancias, pasillos y desamparadas salas, es como un laberinto.
No sabemos por qué, pero encontramos muchísima gente, tal vez por el hecho de que era domingo, y muchos indios aprovechan para visitar lugares emblemáticos como este.
De vuelta a Jaipur, como si el día no hubiera dado de sí aún nos quedó tiempo de visitar el templo blanco, Birla Mandir. La entrada es gratuita.
Para dejaros descansar terminamos aquí la primera parte de nuestro relato en la ciudad rosa, hay muchas cosas por ver y por explicar, además en la siguiente parte nuestro pequeño equipo se divide... pero por muy poco. ¡En breve más!




