En este post os contamos las dos últimas escapadas que hicimos mientras vivíamos en Melbourne: dos días de camping y trekking en el Parque Nacional Grampians (Grampians National Park, como lo encontraréis en los mapas), con canguros y walabis por todas partes, y tres días en Sydney, entre ferries, playas y la Ópera. Fue en marzo de 2012, así que los precios que os damos son de entonces.
Es la continuación de Descubriendo Australia: Great Ocean Road y Victoria (I), donde os contamos nuestras primeras escapadas por la Great Ocean Road y Wilsons Promontory.
Datos rápidos
- Grampians: del 11 al 13 de marzo de 2012, en coche de alquiler desde Melbourne (97 AUD los tres días).
- Qué vimos en Grampians: Hollow Mountain, The Pinnacle, MacKenzie Falls y Reed Lookout.
- Dónde dormimos en Grampians: camping, con nuestra tienda (y rodeados de canguros).
- Sydney: del 23 al 25 de marzo de 2012, en avión desde Melbourne con Tiger Airways (389 AUD).
- Qué vimos en Sydney: ferry a Manly, paseo de Coogee a Bondi, The Rocks, Harbour Bridge de noche, jardín chino y Royal Botanic Garden.
- Dónde dormimos en Sydney: Glebe Point YHA (262-264 Glebe Point Rd, Glebe), 170 AUD las dos noches.
Grampians National Park: qué ver en 2 días
Otra vez recogimos un coche de alquiler (un Toyota Corolla que nos costó 97 dólares australianos por los tres días), cargamos la tienda y el material de camping, y carretera!
Cómo llegar a los Grampians desde Melbourne
El Grampians National Park (Gariwerd, en el nombre aborigen) es un parque nacional a unos 260 km al oeste de Melbourne, unas 3 horas en coche hasta Halls Gap, el pueblecito que hay en medio del parque. La zona norte, donde empezamos nosotros, queda un poco más lejos, a unos 300 km. También está a un par de horas de los 12 Apóstoles, así que se puede combinar con la Great Ocean Road.
Lo más práctico es ir en coche, porque los caminos y miradores están repartidos por todo el parque. Es un parque muy chulo: montañas de roca que salen de golpe de una llanura enorme, cascadas, miradores y muchísimos caminos para hacer trekking. Y canguros, muchos canguros!! Tenéis toda la información oficial del Grampians National Park en la web de Parks Victoria.
Hollow Mountain, grietas entre rocas y walabis
Empezamos por la parte norte del parque, por la zona de Hollow Mountain. Nada más empezar a subir ya teníamos unas vistas increíbles: por un lado la montaña de roca y por el otro una llanura inmensa, verde y plana, que se perdía en el horizonte.
Lo mejor del camino fue cuando se metía entre las rocas. Había tramos en los que tenías que pasar por grietas estrechísimas, entre dos paredes de piedra enormes, casi como en un laberinto. Nos lo pasamos como niños!!
Desde arriba se veían las montañas de roca rojiza de los Grampians, que desde lejos parecen olas de piedra saliendo del bosque.
Bajando, con la luz de la tarde, empezó el espectáculo: los walabis! Primero los vimos escondidos entre los árboles y luego, cuanto más bajaba el sol, más salían. Estaban tan tranquilos comiendo que te podías acercar bastante sin que se asustaran.
Por el camino también encontramos banksias, esas flores tan raras que parecen cepillos y que solo hay en Australia.
Y para acabar el día, una puesta de sol de las buenas, con las rocas encendidas de naranja y las siluetas de los eucaliptos recortadas en el cielo.
Una noche de camping rodeados de canguros
Dormimos en un camping del parque, en nuestra tienda. Allí no hay luces, así que por la noche el cielo estaba lleno de estrellas, y estuvimos un buen rato intentando fotografiarlas (con más o menos éxito...).
Y entonces llegaron ellos. Enfocabas con la linterna y aparecían un montón de ojos brillando en la oscuridad: canguros!! Estaban por todas partes, alrededor de las tiendas. Dormimos literalmente rodeados de canguros!!! Una sensación bien curiosa, eso de oírlos saltar a tu alrededor mientras intentas dormir ;)
The Pinnacle, MacKenzie Falls y Reed Lookout
Al día siguiente madrugamos y nos fuimos a la zona de Halls Gap. Desde allí subimos a The Pinnacle, uno de los miradores más famosos de los Grampians. El camino va subiendo entre rocas y, al llegar arriba, tienes todo el valle a tus pies: Halls Gap, el lago Bellfield y las montañas.
Allí arriba estuvimos un buen rato, sentados en las rocas, asomándonos al borde (con cuidado!) y haciéndonos mil fotos.
De ahí fuimos en coche hasta las MacKenzie Falls, la cascada más famosa del parque. Hay que bajar un buen rato por escaleras, pero merece mucho la pena: una cascada ancha que cae por una pared de roca negra hasta una poza, y con el sol, hasta arcoíris!
La última parada antes de volver fue Reed Lookout, otro mirador desde donde se ven kilómetros y kilómetros de bosque, con las sierras de los Grampians al fondo. Al lado hay un campo lleno de montoncitos de piedras que va dejando la gente.
De vuelta a Melbourne íbamos con cuidado en la carretera, que las señales de canguros están por todas partes y no es broma. Y con esto se acabaron los Grampians, dos días que se nos hicieron cortísimos.
Qué ver en Sydney en 3 días
Dos semanas después tocaba la ciudad más famosa de Australia. Esta vez no fuimos en coche: compramos un vuelo con Tiger Airways (la low cost de entonces) por 389 dólares australianos, y reservamos dos noches en el Glebe Point YHA, un albergue en el barrio de Glebe, por 170 AUD. Glebe es un barrio muy agradable, lleno de cafés y a un paseo del centro.
Nos esperábamos mucho de Sydney... y no nos decepcionó!
Ferry a Manly y atardecer en la bahía de Sydney
Dejamos las mochilas en el albergue y nos fuimos directos a Circular Quay para coger el ferry a Manly. Es el transporte público más bonito que hemos cogido nunca: nada más salir pasas por delante del Harbour Bridge y de la Ópera, y luego cruzas toda la bahía entre veleros. Por muchas fotos que hayas visto, verlos en directo impresiona.
Manly es un barrio de playa de toda la vida, con un paseo peatonal lleno de palmeras que va del muelle hasta la playa. La playa es larguísima y está llena de surfistas, así que nos quedamos un buen rato mirando cómo cogían olas y paseando por la orilla.
La vuelta en ferry fue de lo mejor del viaje. Nos pilló la puesta de sol saliendo de Manly, pasando por delante de los acantilados de la entrada de la bahía, y llegamos a Circular Quay con el skyline y el puente a contraluz. Si vais a Sydney, haced este trayecto al atardecer, no os arrepentiréis!!
Al bajar del ferry, la Ópera se iba volviendo rosa con los últimos rayos de luz.
Y para cerrar el día, sorpresa: en la otra punta del mundo, un par de Estrellas!! Nos sentimos un poco como en casa :)
El paseo de Coogee a Bondi
El segundo día amaneció con un sol espectacular, así que lo dedicamos a las playas. Hicimos el famoso paseo de Coogee a Bondi, unos 6 km siguiendo los acantilados y pasando por calas y playas preciosas. Se puede hacer en cualquier sentido; nosotros empezamos en Coogee, una playa en forma de media luna con el agua turquesa.
La primera parada fue Gordons Bay, una calita escondida llena de barcas de pescadores varadas sobre rampas de madera. Muy auténtica.
Por el camino hay rocas que se meten en el mar donde te puedes sentar a mirar el océano. Y también encontramos alguna araña de un tamaño considerable y hasta un lagarto tomando el sol entre la hierba, que esto es Australia!
Un poco más adelante el camino pasa junto al cementerio de Waverley, un cementerio antiguo colgado sobre los acantilados, con unas vistas al mar que ya quisieran muchos vivos...
Después vienen Bronte y Tamarama, dos playas pequeñas con mucho oleaje y muchos surfistas.
Y al final, Bondi, la playa más famosa de Sydney. Nos encantó la piscina de Bondi Icebergs, una piscina de agua salada construida en las rocas donde las olas rompen por encima del borde. Y como no, acabamos con un baño en la playa!
La noche: The Rocks y la vista desde el Harbour Bridge
Por la tarde volvimos al centro. La Ópera se había vuelto dorada con el sol de la tarde, y aprovechamos para pasear por los muelles de Walsh Bay, justo debajo del puente, mientras caía el sol.
Luego nos perdimos por The Rocks, el barrio más antiguo de la ciudad, con sus casas de piedra, sus pubs de siempre y los buzones rojos de correos.
Y cuando se hizo de noche, subimos al Harbour Bridge. El puente tiene un paso peatonal gratuito, y desde allí arriba se ve la Ópera iluminada y toda la bahía llena de luces. Encima, aquella noche hubo fuegos artificiales!
Bajamos y acabamos la noche paseando junto a la Ópera, con el puente iluminado enfrente. Por la noche iluminan las velas por dentro de rojo, y se ve precioso.
Jardín chino, aborígenes y murciélagos gigantes
El último día amaneció nublado y con algo de lluvia, así que tocó ciudad. Empezamos por el Chinese Garden of Friendship, un jardín chino con estanques, sauces y pabellones, escondido entre los rascacielos de Darling Harbour. Un rincón de lo más tranquilo en medio de la ciudad.
Después paseamos por el centro, que en 2012 todavía tenía el monorraíl pasando por encima de las calles (lo quitaron al año siguiente).
En Circular Quay nos encontramos a unos músicos aborígenes con el cuerpo pintado, tocando el didgeridoo. Nos quedamos un buen rato escuchándolos.
De allí fuimos bordeando la bahía hasta la Ópera, esta vez para verla de cerca y sentarnos en sus escaleras. Justo al lado está el Royal Botanic Garden, un parque enorme junto al agua, con los rascacielos detrás. Aquí nos llevamos varias sorpresas: los ibis, unos pájaros blancos con pico largo que en Sydney son como las palomas aquí (y no tienen ningún miedo a la gente); unas arañas enormes de color amarillo tejiendo sus telarañas entre los árboles... y lo mejor: los árboles estaban llenos de murciélagos gigantes, zorros voladores, colgando boca abajo de las ramas!!
Al salir del jardín entramos un rato en la Art Gallery of New South Wales, que es gratuita, y luego cruzamos el parque de The Domain hacia el centro.
Y para despedirnos, una hamburguesa con una buena cerveza en una terraza, y un último rato en Circular Quay viendo ir y venir los ferries amarillos y verdes delante de la Ópera antes de ir hacia el aeropuerto.
El vuelo de vuelta nos regaló una última puesta de sol sobre Australia desde la ventanilla.
Consejos para visitar el Grampians National Park y Sydney
- Grampians en coche: alquilad coche en Melbourne, los caminos y miradores están muy repartidos por el parque y no hay otra forma práctica de moverse.
- Llevad la compra hecha: igual que en Wilsons Promontory, dentro del parque hay poco y caro.
- Walabis y canguros: salen al atardecer. Id con calma y sin hacer ruido y los veréis de muy cerca. Y cuidado con la carretera al anochecer, que se cruzan.
- Si solo tenéis un día en los Grampians: The Pinnacle por la mañana, MacKenzie Falls a mediodía y Reed Lookout por la tarde.
- Ferry a Manly: es transporte público, así que es la forma más barata de ver la bahía de Sydney desde el agua. Mejor a la vuelta, al atardecer.
- Paseo de Coogee a Bondi: llevad bañador, crema y agua, hay pocas sombras. Id temprano si hace calor.
- Gratis en Sydney: el paso peatonal del Harbour Bridge, el Royal Botanic Garden y la Art Gallery of New South Wales.
- Dónde dormir: Glebe es una buena base, tranquila, con ambiente y a un paseo del centro.
Sydney nos encantó. Es una ciudad con playas, con naturaleza a un paso y con muy buen ambiente. Tres días se nos quedaron cortos, pero dan para hacerse una buena idea. Y el Grampians National Park fue, junto con Wilsons Promontory, nuestra escapada favorita desde Melbourne.
Con estas escapadas terminaba nuestra etapa en Melbourne... pero lo mejor aún estaba por llegar: el road trip de Brisbane a Cairns en campervan! ;)
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